La idea es tener una postura que te permita tirar golpes fuertes y defenderte de golpes fuertes mientras mantienes tu balance. Necesitas usar el peso de tu cuerpo de tal manera que alcances un máximo poder sin perder tu balance. Por ejemplo, si haces contacto contra un oponente con una poderosa patada trasera, tu empuje contra él podría ocasionar que que pierdas el balance y te vayas hacia el frente o que tu cabeza vaya al piso. O si tu patada falla por completo, puede ser que pierdas totalmente al oponente y te vayas de espaldas contra él. Ocasionalmente se pierde el balance pero debes recuperarlo de inmediato.
Estudia las posiciones previas a la pelea en los libros de artes marciales y practica tus posturas y movimientos, utilizándolos como tus posturas iniciales básicas. Por lo general, mantendrás las rodillas ligeramente flexionadas, los pies separados aproximadamente por el ancho de los hombros con una distribución bastante pareja del peso en cada pie (dependiendo de la técnica que estés usando), el cuerpo y la cabeza bastante erguidos, los brazos y las manos preparados y en su lugar (nunca sueltos), los ojos siempre en tu oponente y listo para moverte en cualquier dirección, ya sea para el ataque o la defensa. Las posiciones de lucha son bastante naturales para algunas personas pero muy antinaturales para otras. Tus posturas de lucha deben ser aprendidas y desarrolladas por ti para tu propio estilo y técnicas de lucha, coordinación, fuerza, equilibrio, tamaño y agilidad.